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01:15h. Viernes, 06 de diciembre de 2019

Mi hijo monta muy bien , pero el caballo que le han dado es un penco y el profesor no tiene ni idea”

Lo primero, me gustaría agradecer la actitud de padres ejemplares que dejan la enseñanza de la equitación de sus hijos en manos de los profesionales confiando en su criterio y experiencia. Dar las gracias a alumnos que se esfuerzan y confían en sus profesores. Así como a todos los profesionales de la enseñanza que se dejan la piel y la voz en la pista todos los días para que sus alumnos mejoren y alcancen sus objetivos.

Pero no todo el monte es orégano.

Por desgracia no todos los profesionales actúan como tales, no todos los alumnos se esfuerzan o muestran interés y no todos los padres confían en el buen criterio de los profesores. Todos hemos topado alguna vez, sino muchas , con alguna de estas tres vertientes del mismo problema.

Cuando un nuevo alumno llega a una escuela es importante saber que objetivos tiene. Si es un adulto, es fácil, él mismo os lo dirá . Pero si el alumno es un niño, la cosa puede complicarse. A menudo los objetivos de padres y alumno no son los mismos, lo que crea una situación difícil para el profesor.

Pongamos un ejemplo bastante común, a riesgo de caer en el tópico.

Un padre lleva a su hijo a una escuela para que aprenda equitación,quiere que el niño llegue a competir. Con el tiempo el profesor observa que el niño tiene un objetivo distinto , le gustan los caballos y es feliz simplemente montando en la tanda, tiene miedo y necesita mas tiempo para asentar conocimientos y coger seguridad en si mismo. El padre que ve que los demás alumnos de la clase ya han empezado a galopar y su hijo sigue trotando se enfrenta al profesor que le explica la situación , que obligar al niño a galopar no es lo más conveniente pues sólo va a generar mas miedo y muy probablemente una caída. El padre , obstinado ,insiste en que el niño galope , el niño empieza a llorar sólo de pensarlo, el padre presiona al niño diciéndole que si los demás lo hacen el también puede que tonto no es , con lo que el niño ya se encoge del todo y el poco valor que le quedaba en los huesos se esfuma al pensar en la posibilidad de quedar como el tonto de la clase a ojos de todos , incluso de su padre . El profesor intenta hacer entrar en razón al padre que sigue en sus trece, erre que erre que el niño tiene que galopar porque el problema no lo tiene su hijo,el problema es el caballo que es un penco, exige al profesor que le ponga a Chispita, que ese sale solo.....El profesor se convierte en el muro de la ciudadela , dentro esta al alumno al que quiere proteger , pues sabe bien las consecuencias, fuera, el asedio del padre continua.Tras semanas de presiones continuas y amenazas veladas, el profesor se rinde cruzando los dedos para que no le pase nada al niño, al fin y al cabo , ha hecho todo lo que estaba en su mano , y que caray, es su hijo , él verá. El niño presionado por el padre lo intenta con el miedo atenazándole el cuerpo y mirada de súplica a su profesor , Chispita sale al galope haciendo honor a su nombre. El niño se cae. Gracias al cielo no se ha hecho daño ,respira el profesor. Decepción y preocupación en la cara del padre que se siente, en algún rincón de su ser, culpable de la caída, aunque prefiere no pensar mucho y mejor culpar al profesor que no tiene ni idea, y es un inepto. Y el niño, la víctima en toda esta historia , como siempre, hecho un mar de lágrimas se despega de los brazos del padre que no le ha protegido y mira con recelo al profesor en el que confiaba. Ya no hay rastro de la afición, las presiones pudieron con ella. El niño deja de montar.

Es una labor conjunta de responsabilidad de padres , profesores y alumnos ser realistas respecto a los objetivos, así como de los profesores no doblegarse bajo presiones externas por el bien de nuestros alumnos.

Esto que parece una historia cómica , desgraciadamente es una realidad. No es lo habitual, pero existe y demasiado a menudo lo vemos. Al igual que no le decimos a un cirujano cómo operar , no intentemos decirle a los profesores cómo enseñar.