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01:38h. Viernes, 06 de diciembre de 2019
Imagen de una canasta de baloncesto.
Imagen de una canasta de baloncesto.

Vayan por delante varias cositas previas a esta columna que me piden mis amigos de dxtbase.com.

La primera, la santidad no la otorga, al menos de momento, ningún titulo, ni de profesor, ni de entrenador, ni nada parecido. Asumir que una titulación confiere cualidades a un jovenzuelo "per se" por peregrino ya parece ridículo. Poco más allá de lo que se decía en la mili, que el valor se presuponía.

La segunda, la genética es la más poderosa de las razones. Pocas cosas (nos) nublan tanto el juicio de una persona como el irracional amor a sus hijos, que lo llevan, y lo vemos a diario, a la ceguera casi total en muchas ocasiones, a justificar lo injustificable o incluso a cometer delitos que en circunstancias normales no se cometerían.

Pero volvamos a un entorno mas "de diario" como los pantalones vaqueros.

Vivimos hoy dia en una falsa cultura deportiva. Como dice un vecino mío, "yo no sé de deporte, sé de fútbol".  Los prósperos (y pasados) tiempos poblaron nuestras ciudades de gimnasios de todo tipo y pelaje donde se practicaban las más variopintas actividades de "fitness" (que bonito nombre tienes) con los más sugerentes nombres. Zumba, Aquagym, Step...qué se yo.

Vivimos en una falsa cultura deportiva donde ahora, que no hay un pavo para cuotas del gym, nos ha dado por el "running" a todos, en casos más extremos "trail", evolución natural de lo que antes era "footing" allá por los tiempos de Eva Nasarre. Vida sana, actividad física y tal. Oye, bien, que está bien.

Muchos venimos de una educación (la EGB y el BUP) de un par de horas de "JINASIA" a la semana. Con suerte, alguno probó la gimnasia sueca. Otro igual tocó pelo de alguna disciplina atlética. A mi hasta intentaron enseñamre a saltar Fosbury, que, con mi oronda anatomía de por aquel entonces, era como intentar explicar la teoría de cuerdas a Bob Esponja. Brilé (esa disciplina ya maldita....) , carrera continua...Hagan memoria, hagan.

Ahora, al enfundarnos esas zapas multicolor con una amortiguación Hightech que te cagas, nuestras mallas artengo del decatlon y nuestro polar para cruzar el desfiladero más pronunciado de Alaska, no recordamos todo aquello.Yo controlo. Tengo un POLAR que me dice que voy en mi frecuencia de rendimiento, no te creas.

Existe entretanto un tipo de gente, así como raro, que pierde un montón de horas y dinero, (créame, un montón, que el tinglado FEB cuesta mucho de mantener) en obtener títulos de entrenador para entrenar a su Carlita, su Iñigo, su Fernandito o su Uxía de turno.

Un rapazolo o rapazola que ha tenido que superar exámenes, prácticas y CETI's (otro día explicaremos de que va ese palo) para ponerse al frente del equipo de su nene. Ese equipo que tiene la desgraciada costumbre, mire usted, de jugar todos los fines de semana. Vaya cosa. Oiga, todos, que no paran ninguno. E insisten en tener entrenamientos. En algunos casos tres y 4 veces por semana. Y a veces, de más de una hora. Vamos, en el tiempo en el que usted va a a pilates, guarda la esterilla, se ducha, raja un poquito con las compis y toma un café, el pesao del entrenador del niño, allí sigue, en medio de la pista, corre para aquí, corre para allá. Que digo yo que hasta me parece mucho, que el niño se fatiga demasiado.

El rapazolo que le prometieron 100 euros pero que aún no ha visto ni uno. El que tiene que poner coche el fin de semana porque a alguno le viene mal sacar el todoterreno a las 9, que es que vaya horas, madrugar el niño en domingo, mira tu. Ese que está pasando un frío de muerte ahi de pie mientras usted toma café calentito enfrente del polideportivo.

Ese mismo que le cuenta milongas a su hijo sobre el compromiso, la actitud de equipo, el respeto, la solidaridad, el colectivo, bla bla bla. Ese que pone normas tan absurdas como que el nene se tiene que duchar con los compañeros despues de entrenar. Mira, en ese vestuario mugriento, como para que le coja le frío. Que va, que va. Mi Luisito se ducha en casa, donde va a parar. Ese que encima,da la hora y se pone a perder tiempo estirando en el lateral de la pista. ¡Que lo haga en la hora del entrenamiento, que tengo el coche en doble fila!.

Ese mismo que aguantará tonterías de algun directivo del APA, ANPA, o lo que sea cuando usted se queje de que Yessica jugó poco el sabado, que digo yo que tienen que jugar todos, no, que vienen a pasarlo bien, y solo lo puso 16 minutos. Y pone a otros niños que lo hacen peor tanto o más. Que no se yo por que tanto cambio.

Por suerte, durante años, el baloncesto fue un idioma alienígena para muchos. Algo visto de "esguello" por fuera donde muchos se encontraban incómodos. Suerte distinta corrían los entrenadores de fútbol, como ya es sabido. Es Homo Hispanicus tiene entre sus carga genética el conocimiento omnisciente sobre cualquier cosa que tenga que ver con un balón de fútbol.

Ese rapaz que entrena a sus nenes, que encima, pone de su pasta para el botiquín del equipo. Que le enseña a su nene lo que es el entrenamiento silencioso, las horas de descanso, por que estiramos, por qué calentamos, para que sirve todo eso. Que probablemente le escuche o le pregunte cuando lo vea con el ánimo por el suelo cuando empiecen los primeros líos de faldas. Que le explique cómo cuidarse un esguince de tobillo, cómo atarse correctamente unas zapatillas. Que le enseñe a correr correctamente, que le inculque hábitos como el esfuerzo, que le enseñe que el compromiso con un colectivo implica renunciar a cosas, que le contará que decidir es renunciar, que le enseñará que el deporte es como la vida, injusta en muchas ocasiones, que muchas veces cometerá errores y será un entrenador injusto con el, (¿Y cómo es un jefe en un trabajo?).

Si el entrenador de su hijo es un merluzo, tiene mala suerte. Quéjese. Si no sabe comportarse, si no hace ninguna de las cosas que se citan aquí arriba, cambie al niño.

Pero no empiece por el final. Eche cuentas de cuánto vale todo lo que le he comentado aquí arriba. En money, en euros. Ahora, recuerde cuánto paga usted porque sus hijos hagan baloncesto.

Y ahora, recuerde cuánto le cobran por las clases de zumba, pilates, o yo que se. Así que la próxima vez que no le venga bien el llevar el niño a entrenar o a jugar, la próxima vez que se le pase por la cabeza dejar al equipo colgado porque quiere irse de fin de semana a un hotelito con encanto, recuerde que esto, no es el gimnasio, donde uno va cuando le viene en gana, o cambia los 4 km de carrera por el parque con el colega por ver la champions. Esto va de otra cosa, esto, es mucho más serio. Es educación.