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01:20h. Viernes, 06 de diciembre de 2019

Es bien sabido para los seguidores del baloncesto que estos últimos días hemos asistido a varios debut en la máxima competición de jugadores gallegos, algo que lamentablemente, era "rara avis" en los últimos años desde Fran Vázquez, un jugador que curiosamente no valía para aquí y se tuvo que ir de Galicia para jugar  a esto y que luego, oh sorpresa, entró en un draft de la NBA. Cosas que pasan.

En los años que llevo en esto de entrenar he tenido la inmensa suerte de compartir vestuario con alguno de estos chicos. Sería mezquino atribuirse mérito alguno, más allá que compartir unos cuantos entrenamientos y la fantástica experiencia de un campeonato de España de mini, baloncesto en estado puro maltratado por más de algún enterado y despreciado por muchos que se dicen entrenadores.


Sobra quien hable de las cualidades de estos chicos, probablemente más sabio que yo y mucho más al día de torneos de Hospitalet, convocatorias de las U-algo y baloncesto profesional. Me gustaría hablar de otras cosas.


Cada uno de estos chicos atesora una historia distinta, una historia de renuncias, de decisiones que marcan una vida tomadas con muy pocos años y de lejanía. Lejanía por un sueño que se puede truncar por una lesión de todas esas cosas de las que se puede lesionar un jugador de baloncesto expuesto a miles de minutos de entrenamiento y competición con sus equipos, sus selecciones y sus múltiples sesiones de mejora. Que también se puede truncar porque el invierno fuera de casa se hace muy largo, porque a veces las broncas de papa son mejores que hablar con el a través de skype y porque perderse siempre los cumpleaños de los amigos hace que al final no te inviten.


Estos chicos iniciaron su viaje hace ya algunos años, para mi pocos, para ellos casi su vida entera. En los equipos en los que yo coincidí había otros chicos que en menor o mayor medida también apostaron por su sueño, y ahora lo viven muy lejos de los focos y también lejos de casa. Para otros el baloncesto ya es solo un hobby y su vida no gira con las vueltas del balón. Aaron, Alejandro, Santiago, Luke, Pablo, Adrián, Julián, Jose, Guillermo, Andrés....la lista es larga y no quisiera olvidarme de ninguno. Todos ellos se están haciendo hombres y sus caminos tan sólo han llegado a las pantallas de televisión en muy pocos casos. De aquellos ilusionados niños de 11 años ahora sigo por las redes sociales a jovenzuelos de Erasmus, universitarios en lo mejor de su vida y hombres a punto de serlo. Todos ellos con sus sueños, sus incertidumbres, sus miedos y su vida por delante. A cada uno, la vida le traerá unas cosas disintas. Cada uno conocerá antes su cara B. Algunos no volverán a ver un balón hasta que intenten enseñar a jugar a sus hijos. Algunos no son conscientes todavía de que el baloncesto les va a hacer perder tiempo y dinero, y no ganarlo. Deberán aprenderlo por sí mismos. Otros creen que el baloncesto ya les ha dado todo lo que podía y es un capítulo cerrado. También deben darse cuenta de lo contrario. Y lo harán. 

Con todos ellos me une, y me unirá, por suerte, haber compartido vestuario y una pequeña parte de su niñez. Un honor, juguéis donde juguéis. O aunque no lo hagáis. 
Queda tan sólo un minuto para recordar a aquella conserje de una residencia que no nos creía cuando le decíamos que "estos chicos jugarán en la ACB el día de mañana, deben tener unas horas de descanso y unos horarios de comida" y se descojonaba en nuestra cara. 


Y por cierto, a pesar de su debut en ACB, o en Euroliga, es muy probable que su inmediato futuro esté en la LEB o por ahí. Y, de ser así, me pregunto yo a que esperan tanto en el único Club ACB que hay en Galicia como en los LEB para intentar hacerse con la cesión de los únicos jugadores gallegos, jovenes, con un prometedor futuro y con ganas de comerse el mundo que tenemos a puntito de caramelo, antes de rellenar la plantilla con cualquier medianía de apellido impronunciable calzada por el representante de turno. A lo mejor es una tontería de alguien que no sabe nada de baloncesto profesional. O no.