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18:55h. miércoles, 27 de octubre de 2021

Carlos Marchena, una historia de éxito cargada de kilómetros de esfuerzo

Con solo diez años realizaba tres horas diarias en autocar para acudir a los entrenamientos del Sevilla desde Las Cabezas de San Juan, su localidad natal. Para él, la prioridad era, y todavía sigue siendo, estudiar. Es licenciado en Turismo y continúa con su formación en diferentes terrenos

20-10-12.Deportivo de La Coruña y el Barcelona con resultado de 4-5.
foto: Iago López /Imaxepress.com

 Barcelona vs Deportivo at Riazor Stadium in Coruna, on October 20, 2012.
Photo:Iago López/Imaxepress.com
Carlos Marchena controla un balón, ante la presión de Messi. Foto: Iago López

La vida está cargada de decisiones. Se toman a diario. Algunas pueden resultar banales y otras, en cambio, acarrean consecuencias definitivas para el transcurso de nuestras vidas. Carlos Marchena tomó una de esas decisiones trascendentales con solo diez años, cuando aceptó el compromiso de unirse a las categorías inferiores del Sevilla. 

Para un niño de Las Cabezas de San Juan, municipio situado a sesenta kilómetros de la capital hispalense, una decisión como esa venía acompañada de un fuerte compromiso que le supondría interminables horas autocar –tres cada día–, interminables horas de no dormir para poder estudiar –ya que, aunque pueda sorprender, era un niño que quería estudiar– e interminables horas de, en definitiva, no disfrutar de su infancia. 

“Mi madre no ha querido que yo jugara nunca y me emociono al hablar de ella porque lo pasó mal. No quería que yo fuese a vivir a Sevilla y, sin embargo, era la primera que me apoyaba”

Para un chaval que ni siquiera veía el fútbol como un objetivo profesional y que estaba más centrado en los libros, el sacrifico fue tremendo. “Yo le decía a mi padre: “Levántame a las seis para estudiar”. Y él me levantaba a las seis, cuando se iba a trabajar y, después mi madre, cuando se levantaba a las ocho, me encontraba dormido en el sofá o en la mesa. Pero, claro, es que yo pasé de ser un niño de colegio que iba a entrenar los días que le tocaban y luego estaba en casa, a tener una exigencia muy formal de coger el autobús y estar en la carretera. Salía muy temprano, llegaba muy tarde y al final la prioridad era el colegio”, recuerda el central deportivista, que está licenciado en Turismo y actualmente sigue con su formación en distintas materias.  

Comenzó en el alevín del Sevilla y pasó por todos sus equipos de categorías inferiores. Hasta los quince años, Carlos Marchena estuvo pegado al autocar cada tarde, pero, un buen día, su madre decidió que ya estaba bien de tanta carretera. “Mi madre le tiene mucho miedo a la carretera y me dijo que era mejor que yo me trasladara directamente a vivir a Sevilla. Ella no ha querido que yo jugara nunca, nunca...y ella…(su voz se entrecorta por la emoción) es que me emociono. Estoy hablando y me emociono porque lo ha pasado mal porque no quería que fuese y sin embargo, era la primera que me apoyaba. Me emociono porque ella sin querer que yo lo hiciera, fue la que me animó. Ahora yo soy padre y entiendo que era muy difícil para ella y por eso me emociono”.

“Yo, para estudiar, le decía a mi padre: “Levántame a las seis”. Y él lo hacía. Después, mi madre, cuando se levantaba a las ocho, me encontraba dormido en el sofá”

También con lágrimas en los ojos, el futbolista internacional recuerda un hermoso momento protagonizado por su madre, cuando él llevaba poco tiempo instalado en Sevilla. “Yo fui a Sevilla y allí me agobié porque no tenía amigos. Entonces, hablé con ella por teléfono y le dije que me volvía para el pueblo y seguía con mi rutina anterior. Mi padre no estaba, porque estaba trabajando fuera. Entonces ella me dice: “Vale”. Me cuelga, se coge el autobús sin saber donde vivía yo. Sabía que vivía cerca del estadio, pero no la dirección, y se fue con mi tía andando las dos y preguntándole a todo el mundo: “Oye, ¿tres chicos?” Y le decía a mi tía: “Yo creo que es el Hotel Occidental”. Y toda la mañana dando vueltas por allí. “¿Oye, tres chicos que salen a una cabina a llamar por teléfono?”. Y me encontró. Estuvo hablando conmigo y me dijo: “Si quieres esto, te tienes que quedar aquí. Si quieres seguir estudiando y jugar, te tienes que quedar aquí”.

“Tenía muchas lesiones de pequeño, me iba muchas veces llorando, y mi padre me ayudó mucho”

Además de la distancia con su familia, también las lesiones llevaron al futbolista andaluz a tener unos comienzos complicados. “Mi padre me ayudó mucho, porque yo tenía muchas lesiones de pequeño. Jugaba tres partidos, tres no, y me iba muchas veces llorando y mi padre siempre ahí conmigo, me decía que estuviera tranquilo, que no pasaba nada y poco a poco lo fui consiguiendo”. 

Otro detalle que Carlos Marchena valora especialmente de su familia es que él nunca sintió ninguna exigencia por su parte en lo relativo al aspecto futbolístico. “Hay niños que despuntan muy pronto, pero yo no, yo era de los normalitos, hacía mi trabajo, mi fútbol y ya, pero ni en mi familia ha habido expectativas. Veo a los niños ahora, incluso, por ejemplo, mi sobrino y va a verlo mi padre, su tía, y a mí, en cambio, no iba a verme nadie. A mí me llevaba mi padre, mi madre ya he dicho que no quería que jugara, y ni nadie me hablaba del fútbol. Yo simplemente hacía deporte. Esto que cuento es una realidad. De hecho, un poco en broma, mi sobrino tiene cuatro años y yo le he comprado dos pares de botas ya. Y a veces les digo: “A mí nadie me ha comprado botas”–bromea–. Ni siquiera nadie sabía que estaba en el Sevilla. Siempre hemos sido una familia de mucha discreción”.

El salto al primer equipo

El debut con el primer equipo llegó prácticamente de la noche a la mañana para Carlos Marchena. “El año de juveniles, no terminé con mi equipo, sino que me subieron al equipo siguiente, ganamos la Copa del Rey y teníamos un buen equipo. Todo ese grupo cumplía la edad de juveniles y se fue al Sevilla B y ocho hicieron la pretemporada con el primer equipo. Pero yo fui el único que me quedé en los juveniles y al principio me quedé un poco... pero como nunca había tenido la exigencia... y aparte volvía a mi generación, pues al final estaba encantado. A los dos meses me llamaron un día y me dijeron: “Oye, mañana tienes que ir con el primer equipo”. Fui un lunes, entrené toda esa semana y ya a jugar. Y ya jugué, jugué y jugué. El cambio fue muy grande, pero intenté llevarlo con mucha normalidad”, asegura.  

"Me llamaron para ir un lunes con el primer equipo, entrené toda la semana y ya jugué, jugué y jugué"

Así fue cómo Carlos Marchena inició un camino que acabaría convirtiéndole en todo un campeón del mundo aproximadamente una década después. No resultó sencillo. Tuvo que crecer antes de tiempo y renunciar a un sinfín de momentos de su infancia, pero afortunadamente ese esfuerzo acabó dando sus frutos.